miércoles, 15 de agosto de 2012

Capítulo 3 (Parte 1) Garrett Blair: Cambio radical.

Hoy es sábado. Muchos lo definirían como el mejor día de la semana. Otros como una salida del ciclo de deberes del instituto. Para mí puede que sea el peor día. No me concentro en estudiar los sábados, me los tomo como un descanso colegial. A decir verdad, no me concentro en nada. Puede que sea por eso por lo que los odio, porque me aburro como una ostra.
No sabía mucho de Beck desde que vino a casa para coger los apuntes, pero la verdad, no quería verle. Estaba seguro de que me metería en otro lío de los suyos con el fin de conseguir dinero para la dichosa moto. Los sábados me aburro tanto que hasta me acordé del profesor Clapton. Afirmaban que era una tontería y tal. No vendría el lunes. De eso se podía estar seguro. La que sí que me apetecía ver era a Scarlet. No habíamos hablado mucho esta semana y hace tiempo que no quedamos para dar una vuelta.

Cuando cogí la chaqueta para salir a buscar a Scarlet, algo se cayó de la de al lado. Era la cazadora marrón que mi padre usaba para ir a pescar con sus amigos. Hace una semana que no va, por lo que esa cosa debía de haber estado allí un tiempo. Era una carta, una carta doblada un par de veces de color blanco. A los lados estaba decorada con líneas amarillas. Parecía una simple factura. Pero, ¿por qué tan escondida? Tenemos un cajón especial para ellas, no entiendo por qué ahora se guardan dobladas en chaquetas que apenas se usan. Sí, normal no era. La cogí de nuevo y la guardé como estaba en el bolsillo de su chaqueta. Ahora no tenía tiempo para esas cosas.

No era un día muy soleado. Aunque no fuera común, hacía frío y las nubes bloqueaban el cielo. Llevaba las manos guardadas en la chaqueta y agarraba el interior del forro de los bolsillos con la esperanza de que así me las calentara más. La poca luz de la calle, hacía posible ver perfectamente todo lo que había en ella. Desde los árboles hasta el nombre de los buzones. Me paré en el que ponía KERR. ¿Llamo? No estaba seguro. La verdad, no pinto nada ahí. Ya lo había intentado, y creo que se alegraron un poco. En todo caso, tengo todo el día.

Camino a un paso normal, aún era pronto para presentarse en casa de Scarlet sin aviso. Pero la repentina brisa me obliga a apretar el paso si no quiero morir congelado. El aburrimiento y la perfecta visión de la calle hacen que me fije en cosas que jamás me llamarían la atención: las aceras estaban muy desgastadas. No sé como siendo un pueblo medianamente pequeño, invierten el dinero de los impuestos en arreglar estas cosas; la segunda cosa que vi era que no había nadie. Puede parecer común en un pueblo así pero, un sábado, las cosas son más animadas. Y la última cosa que vi, y será la última por la gravedad de esta, es que había numerosos carteles pegados en farolas y árboles sobre un animal perdido. No cualquier animal, un perro. No cualquier perro, el perro. Negro, enorme y con ojos penetrantes.
Kibo. Se había perdido, o eso me pareció a primera vista. La dirección de Diana estaba apuntada a pie de página y también su teléfono. Pensaba. Kibo no es que fuera un perro muy agradable, puede que yo lo piense porque casi me arranca el brazo pero poneros en la misma situación. El caso es que tenía el número de Diana. Tenía un motivo para hablar con ella. Tenía la broma en bandeja.

- Perdone señor- dijo con la voz que mejor se me da imitar, la del Profesor Clapton, cuando Diana descolgó el teléfono.

- ¿Sí? ¿Quién es?- su voz era más temerosa que de costumbre. Puede ser que se huela la broma... o que simplemente sea así de agradable con las personas desconocidas.

- He visto los carteles, sí, esos en los que describe esa bestia de color negro, temerosa y con ojos hipnotizantes sí. Y he encontrado a el animal.

- ¿A Kibo?- dijo esperanzada.

- ¿Kibo? Hum... aquí no dice que sea Kibo al que me refiero... No... Encontré una foto de una tal Diana Kerr... y era similar a la fotografía del cartel y yo...- aguanté la risa.

- ¿Qué? Vale dime ahora mismo quién eres y dónde estás que te vas a enterar- se oyeron ruidos diferentes a su voz en la habitación. Probablemente estuviera vistiéndose para darme una paliza.

- Ehm... eh...- estaba empezando a acobardarme. El plan que había pensado acababa diciendo mi auténtico nombre, pero ahora...

- ¿Garrett? ¿Garrett Blair? ¡Te vas a enterar Blair!- y colgó el teléfono.

Una chispa de esperanza me decía que tal vez creyera que estaba en mi casa, o en el cartel más cercano, pero no era así. Ya había avanzado dos manzanas y ahora corro por un callejón. No puede saber exactamente donde estoy.
Cuando el miedo deja de apoderarse de mi cabeza, pienso. Es una chica. Me quiere pegar. No me va a hacer nada. Estoy corriendo como un poseso por el callejón oscuro que ni siquiera acorta el camino hacia la casa de Scarlet.
Retrocedí lentamente. Era estúpido que siguiera pensando así. ¿Miedo de Diana? ¿Qué me iba a hacer? Tal vez esto estuviera marcado por lo que pasó aquél día años atrás, pero ya no. Iba a doblar la esquina del callejón cuando me di cuenta de que llevaba el cordón desatado. No es porque me importe, es que le importa a Scarlet. Nunca olvidará el día que se rompió la muñeca cuando iba a hacer una mortal hacia atrás pero claro, llevaba el cordón desat...

-Te cogí-.

Esa voz. No puede ser. Apenas habían pasado cinco minutos desde la llamada. Yo había hecho ese recorrido a paso normal en quince. Ella sabía exactamente el lugar en el que estaba y en mucho menos tiempo. No puede ser.

- ¿Cómo...- no me dejó acabar. Pero me alegro, porque no se la veía con intención de pegarme. Eso sí, llevaba sus Converse negras que no pueden faltar, pantalón negro y chaqueta negra. El look Diana.

- No hagas preguntas tontas. Espera... ah, no puedes- me lo merecía-. El caso es que darte no te doy, pero me vas a ayudar a buscar a Kibo sí o sí.

- Yo iba... ahora mismo no puedo...

- No me vengas con excusas porque no conseguirás nada de nada. La próxima vez piénsatelo antes de hacer tonterías de críos- me agarró de la manga de la chaqueta y me sacó completamente del callejón. Ya me había dado por vencido. Estaba claro que escabullirme no me iba a escabullir.

- Bueno, más o menos ¿cuánto tiempo tardaremos?

- Dímelo tú. Depende de las ganas que tengas de acabar con esto. Cuanto antes lo acabemos, antes te irás. Y yo me quedaré con mi Kibo tan tranquila- se la veía agobiada. Parece ser que su perro era muy importante para ella. No pude decir que no.

- Vale. ¿Por dónde empezamos?- era la pregunta básica.

- Vamos al Este. Creo que hay más posibilidades de que aparezca por ahí.

- ¿Por qué? ¿Cómo se perdió?

- Al parecer se escapó por la noche. El caso es que siempre le ha gustado pasear más bien por el Este de Detroit, no solíamos ir al Oeste.

- En ese caso...- la hice un ademán para que saliera por la no puerta.

Íbamos a paso rápido, como si yendo así de deprisa viéramos mejor al perro. Tal vez así llegó tan rápido. Pero el hecho de cómo averiguó el lugar...

- ¿Cómo sabías donde estaba?- pregunté, interviniendo en el silencio de la calle.

- ¿A dónde ibas tan aburrido?- preguntó ella rápidamente.

- Pregunté antes.

- Las damas primero, señorito Blair- dijo burlona.

- Muy graciosa. Iba a casa de Scarlet- no di más detalles.

- ¿Scarlet? -preguntó interesada.

- Sí. Scarlet, ¿por?

- ¿Es tu novia?- la divertía hacer preguntas privadas.

- Eso no te incumbe- la dije, cortante.

- Vale, Casanova, como quieras- y andó aún más deprisa, pero siguió sonriendo por mi humor.

Yo la imité, de esta manera tan sólo conseguíamos ir aún más rápido y por más que mirara a todos lados, no veía más que basura, casas, hierbajos y a Scarlet. Un momento. A Scarlet. No había nadie en la calle pero justo la persona a la que quería ver está ahora mismo ahí delante. Scarlet y alguien más. Antes de ponerme como loco a mirar, me aseguro de que Diana sigue a lo suyo, mirando por su lado. Entonces me voy disimuladamente más escondido pero con más visión a la izquierda. No me lo creía. Beck y Scarlet. Mi mejor amigo y la que debía ser mi novia. Juntos. No solo juntos. De la mano. Abrazados. Miraban hacia la calle paralela, a punto de cruzar. No podían verme. Pero yo a ellos perfectamente. Debe ser un malentendido. Son Scarlet y Beck. Nunca me harían algo así. La verdad es que siempre les he visto distanciados, Scarlet nunca ha sido tan amiga de Beck como yo. Pero ahora le veo el sentido. Ahora todo cambia.

Cuando desaparecen, todavía juntos, por la esquina, mi expresión debió cambiar radicalmente, porque Diana me miró despreocupada y se asustó.

- ¿Pero qué pasa? ¿Estás bien, Garrett?- mantuvo las distancias. No sé si por miedo a que la gritase o simplemente por que sí. Pero no quería que se enterara. Me la devolvería bien.

- Es que... me caigo y me doy con el bordillo.. y ¡tú ni te enteras!- sonreí un poco y fingí una leve cojera, ya que no me había visto andar aún. Ella se rió.

- Vale, lo siento. La próxima vez te llevo de la manita ¿Tienes hambre o sed? Si quieres paro y te compro un zumito, o una de esas galletas con el Bob Esponja dibujado en la...

- Sí Diana. pillo la gracia- yo no era así pero no estaba para bromas. Además, había mencionado el gesto de llevar de la mano. No iba a soportarlo.

- Tan poco hace falta que me fusiles- y debió de ser el brillo de mis ojos. El brillo que delataba lo que me ocurría. Desde pequeño, ese brillo no me ha dejado hacer trastadas, ni librarme de las cosas que no me apetecía hacer. Pero hasta el momento sólo pensaba que mi madre lo podía ver, ya que ella le puso ese nombre. Al parecer no había dado con otra persona con el mismo carácter para algunas cosas.

- Lo siento- dije, sinceramente-. Es sólo que, tengo que hacer algo. Y tiene que ser ya.

- Como quieras- las dos palabras que menos me esperaba en ese momento que vinieran de esa boca-. Vete a casa de esa chica... ¿Scarlet? Lo que sea. Total, no pensaba encontrar a Kibo hoy. El mismo día que pongo los carteles y... el día que voy en su busca con probablemente la persona más patosa del barrio- me reí por su ingenuidad.

- Gracias, te debo una.

- Ya, no hace falta que me lo recuerdes. Esas cosas no las olvido. Voy al súper a por la comida. Nos vemos- y no esperó a que me despidiera. Se dio la vuelta con la misma marcha y su ser pareció no cambiar en absoluto.

Mientras tanto, yo volvía a la desviación que debía haber tomado para ir a casa de Scarlet pero... ¿Qué iba a hacer? ¿Presentarme allí y descubrir el pastel? Reconsideré la opción de llamarla mientras volvía a casa. Pero no iba a poder hablar coherentemente hoy. Decidí esperarme al lunes. Llegar al comedor y nada, ver cómo va la cosa. Les seguiré el juego para que el día que descubran lo que me han hecho se sientan las peores personas del mundo y les den ganas de... Bueno. Ni siquiera puedo pasar un minuto con Diana sin que me pegue la maldad que lleva dentro. Un escalofrío me recor´rió la espalda y me dio ánimos para llegar lo antes posible a casa. Me estaba congelando poco a poco, y las muertes lentas... no van conmigo.

lunes, 30 de julio de 2012

Capítulo 2 Garrett Blair (segunda parte): Los del 13

     Tomo el hacha que me tendía Diana por el mango, cuidadosamente, dándome cuenta de lo que iba a hacer. Me coloqué paralelo al árbol y divisé la pequeña ranura que habían provocado los inútiles hachazos de Diana. Era un roble hermosísimo, por lo que empecé a tenerles manía a los del 13. La señora Kerr seguía pálida y se dio la vuelta cuando comprendió que iba a hacerlo. Comencé a hundir el hacha fuertemente tras asegurarme que no había nada que puediera dañar en el espacio en el que iba a caer. La madera era exageradamente dura y a partir del hachazo número cinco se me caían los brazos, pero no podía dejar que Diana se llevara tal satisfacción.
     Al acabar creía que se me caerían o se quedarían pegados al hacha por las manos, pero mis brazos seguían junto a los hombros.
La señora Kerr no aguantaba más y fue a llorar al interior de la casa.
     - Vamos, te acompañaré a la puerta- Diana me agarró del brazo y salimos a la cuesta.
     - Le tenía mucho cariño a ese árbol- dije, intentando sacar un tema que no fuera con ninguno de los dos-, ¿no?
     - Sí... lleva muchos años plantado aquí y... bueno como los vecinos no tienen la cara de presentarse aquí y llegar a un acuerdo porque son unos...- se contuvo-. Quiero decir que han hecho daño.
     Sonreí por el eufemismo. Diana es todo estereotipo, no lo digo para faltarle al respeto, porque creo que no sldría bien parado. Sus ropas negras, maquillaje oscuro y cara de estar continuamente en un funeral, la encierran en una clase de persona inexpresiva y aislada del resto de personas.
Pero la vi estremecerse con el último hachazo.
     - Bueno, que se recupere- dije, al abrir la puerta del jardín-. Y tú también- me arrepentí al instante de haber dicho eso.
     - ¿Qué? Yo no tengo que recuperarme de nada, Blair- y dio bruscamente media vuelta.
     - Hasta otro día, entonces- dije, riéndome entre dientes de su inútil intento de disimular sus aparentes y precedibles sentimientos.

     Me tumbé en el sofá, pero Bones había acabado. El de la pizza no daba señales de vida, y me pregunté si habría venido mientras no había nadie en casa. Pensé en la expresión dolorida de la señora Kerr, en los momentos incómodos en los que estaba cortando aquél precioso árbol mientras me miraba. Recordé el momento en el que huyó dentro de la casa a refugiar sus lágrimas lejos de mi vista.
     Fue en aquél momento cuando me di cuenta del daño que se puede hacer, para no molestarse uno mismo.
     Sonó el timbre y el joven de veinte años aproximadamente, con una despreocupada gorra roja y una caja plana en la mano izquierda apareció en el umbral de la puerta. Al pagarle insistí en que se quedara todo el cambio, al parecer eso le alegró mucho, ya que me entregó con sumo cuidado el paquete. Incluso tocó el claxon cuando se alejaba montado en la moto, por supuesto, también roja.
    
     Asesinar un árbol de apenas treinta años de vida me había quitado el apetito. Se me ocurrió ir a la casa número trece y estamparle la pizza humeante en la cara de la desconocida persona que me encontrara. Pero no solo estaba molesto con ellos. También lo estaba conmigo mismo por haber sido tan sumamente poco comprensivo con la señora Kerr, y, muy a mi pesar, algo grosero con Diana. O al menos eso la había parecido.
     Tomé la chaqueta por la manga y me la puse tras dejar la pizza en el mueble de la entrada. Cerré la puerta detrás de mí y me planté en casa de la señora Kerr. Diana abrió. No me dijo palabra, pero me cuesta creer que, por lo poco que pude leer en su cara, me esperaba.
     La señora Kerr estaba tumbada en el sofá, mirando la pantalla negra de la televisión apagada. Tras saludarla y decirle un puñado de frases sin sentido con intención de consolarla un poco, abrí la caja de la pizza y la tendí un trozo que aceptó agradecida. También se lo ofrecí a Diana, pero prefirió cogerlo ella sola de la caja. No pude repimir una sonrisa, me parecía muy gracioso el hecho de que siguiera enfadada, pero hice lo que pude por ocultarla ya que había venido en son de paz.
     Estuvimos charlando casi dos horas. Empezamos hablando por lo básico, el colegio, las notas, las actividades extraescolares... Pero terminamos haciendo un vudú mental a los vecinos del trece. Me contaron varias batallas que habían tenido desde que llegaron. Lo más feo que hicieron, desde mi punto de vista, es no presentarse para hablar sobre el árbol. Tan sólo dejaron una carta dentro del buzón a la espera de que actuaran.
     Me parece que hice bien en charlar con ellas, tenían el tema del árbol menos reciente. Pero el brillo de los ojos de la señora Kerr no me terminaban de convencer. Diana no estaba tan hostil como solía estarlo. Creo que, de alguna extraña e indirecta manera, me agradecía silenciosamente el gesto. Pero no me acompañó a casa.
   
     Me tumbé en la cama de espaldas a la puerta de manera que podía ver a través de la ventana el mundo exterior. Encendí la radio y escuché un poco de música con un volumen leve. Mi padre, en el coche, volvía a aparcar de la misma manera, cosa que no me extrañó. Los mismos giros, las mismas frenadas, la puerta cerrada con la misma fuerza. Miré el reloj y me di cuenta de que se debía de haber parado, ya que está en la misma hora en la que vi a mi padre aparcar anoche. Tras esperar nada más y nada menos que un minuto, el reloj cambió. Un minuton más. Lo que me llevó a la siguiente conclusión: Todos los días es lo mismo.

viernes, 13 de julio de 2012

Capítulo 2 Garrett Blair (primera parte): Los del 13

      ¿Algo estremecedor? El perro de anoche. ¿Algo raro? Que el profesor Clapton falte a clase. ¿Algo inesperado? Lo veréis.
      Los profesores de guardia decían que padecía una repentina pero leve enfermedad, que no nos preocupemos y que nos había dejado tarea. Afirmaban que el lunes volvería a clase para corregir los ejercicios, pero sus caras de preocupación decían lo contrario.
      En el comedor apenas había gente. Los de primero y segundo curso estaban de excursión y tercero y cuarto optaban mayoritariamente por comer en casa. Pero nosotros no. Se repitió la misma parafernaria. Scarlett y sus amigas corrieron al baño -esta vez sin excusa alguna- y Back y yo charlamos de motos, como siempre.
     - ¿Sabes? El otro día la vi. Implacable, hermosa...-.
     - Espera, ¿me hablas de la moto? Ya me lo contaste- estaba perplejo por la falta de memoria que habían ocasionado los cascos de hockey en Beck.
     - Oh, sí es verdad- al parecer, los temas de conversación no son su fuerte, es algo de lo que me he estado asegurando los dos últimos años.

     Beck me acompañó a casa para que le dejara los apuntes de física de la semana pasada. Os preguntaréis por qué. Resulta que había estado trabajando sin contrato en un taller mecánico la última semana y sus padres acabaron por descubrirlo, sea de un modo u otro. Lo que yo decía. El casco le aprieta. El caso es que no se había enterado de las últimas clases y al ver el enorme taco de apuntes casi se desmaya.
     - ¿Está loca?- exclamó indignado.
     - Eso pensamos todos- se lo fotocopié y grapé-. Oye, tengo que hacer cosas, ¿nos vemos mañana?
     - Uf... no puedo. He quedado con mi hermano para ver el partido de mi sobrino. Tal vez el lunes.
     - ¿Tal vez?
     - Sí, he encontrado otra forma para ir a currar. Mira, a la entrada, tú me esperas...
     - Ya lo hablaremos otro día- no le dejé acabar. No me gusta que me involucre en sus planes, siempre acaban mal-. Hasta cuando sea.
     - Vale- dijo con desgana y bajó los escalones. Le vi salir a través de la ventana algo interesado por los apuntes.

     Esto estaba dentro de las cosas que tenía que hacer. No puedo estar un viernes sin pedir una pizza ni ver Bones. Hoy televisaban un nuevo capítulo y me hacía ilusión verlo.
     Van a destapar al cadáver de aquél catastrófico accidente cuando llaman a la puerta y casi me da un infarto. Creí que era el chaval de la pizza pero, cuando abro la puerta y me encuentro a la temeraria vecina de negro con el pelo tremendamente alborotado y un hacha tamaño XXL en la mano derecha me caigo hacia atrás.
     - Garrett, mi madre cree que tú podías ayudarnos- dijo, resaltando lo de "cree" y esbozando una traviesa risa.
     Me había quedado de piedra por el susto, el ridículo que he hecho al caerme y el mero hecho de que supiera mi nombre.
     - Garrett...- me llamó. Dio un paso hacia delante con la intención de tenderme la mano para ayudarme a levantarme pero yo ya estaba de pie.
     - Ho...hola- dije estúpidamente-. Eh... exactamante, ¿en qué os puedo ayudar?- salió del descansillo de la puerta para señalármelo.
     - Estamos talando el roble. Los nuevos, los vecinos del 13 nos van a demandar. Dicen que les ensuciamos la dichosa piscina pero en realidad son ellos los vagos que...- hizo una pausa-. El caso es que es muy grueso ergo duro y nosotras no podemos ¿Podrías intentarlo tú?- lo dijo con un rintintín irritante y desafiante, por lo que dije que sí. Me gustan los desafíos. Además, lleva un hacha en la mano.
     La señora Kerr me saludó al entrar. Tenía los ojos rojos e hinchados de tanto llorar. Yo había crecido a la sombra de este árbol los pocos años que llevaba viviendo aquí y jamás se me pasaría por la cabeza que acabaría así. Me gustaba sentarme a comer bajo sus ramas que sobresalían a la calle, hasta que venía la hija de la señora Kerr y salía corriendo. Aún así, es un precioso roble que solo un descerebrado se le ocurriría talar.
     - Veo que Diana ha acabado convenciéndote- señalaba con la cabeza a su hija, Diana. Tras años de sufrimiento y desesperación por evitar esa palabra, acabo descubriendo cómo se llama. Diana.

lunes, 2 de julio de 2012

Sorpresa

Bloggers... Tenéis que saber que el Capítulo 2 del libro Garrett Blair no está acabado, por lo que lo publicaré prácticamente sobre la marcha. Espero que os enganche igualmente, ya que empezamos la acción.
Comentad amigos míos :)

Garrett Blair: Esta es mi vida (Parte 2)

      Me pregunto si habré tenido algún dejavú, pero siempre veo a mi padre aparcar el coche con la misma precisión, los mismos giros, la misma velocidad. Se hace repetitivo. Los invitados habían llegado hace ya tiempo, y mi madre hacía lo que podía por hacer salir algún tema. Ella no tiene ni idea de golf.
      - ¡Ah! Este es mi hijo Garrett- mi presencia la ha salvado de un silencio incómodo con aquella familia de estirados sin sentido del humor.
      - Hola Garrett, ¿qué tal te encuentras después de la caída?- me preguntó la mujer.
      - Oh, bien. Tan sólo fue un esguince. Ya se ha curado- moví la rodilla para que viera que lo hago perfectamente. Mi madre me miraba como si nos estuvieran atracando y yo no lo supiera. Me hacía señales con los ojos y la cabeza hacia la pareja de infelices muy efusivamente, hasta me preocupó que no fueran ladrones de verdad-. Esto... bueno, ¿y el campeona...- la puerta se abrió de repente y detrás de ella apareció un hombre con la camisa sudada y el maletín colgando de la boca.
      - Hola- dijo tímidamente, al guardar las llaves en el bolsillo y coger el maletín-, ¿que tal están?- me acababa de dar cuenta de que probablemente sean personas más importantes de lo que yo pensaba. Le hago un gesto a mi madre, cojo una manzana Granny del bol de la cocina y salgo por la puerta trasera a la calle.
     
      (Podéis ver el final de este capítulo en el primer fragmento que publiqué de este libro, en mis anteriores entradas)

domingo, 1 de julio de 2012

Garrett Blair: Esta es mi vida (Parte 1)

      Ya es tarde cuando me levanto de la cama pero no importa, el profesor Clapton me perdonará. Cuando bajo las escaleras de dos en dos, finjo parecer apresurado ante mi madre, aunque en realidad no lo esté.
      Al llegar a la cocina, mi padre ya se había marchado a la oficina porque tenía que llegar antes a casa. Normalmente está cuando bajo a desayunar. Hay un ambiente angustioso en la casa, el cual mi madre no para de irradiar y transmitir, ya que vienen los compañeros de su Club de Golf. Es imposible calmarla sin que te muerda.
      El autobús ha salido ya hace minutos, por lo que no hay remedio y voy andando. Mi vecina, la señora Kerr, está cuidando cariñosamente de su hermoso jardín y me saluda cuando paso por su acera.
      - Hola Garrett, ¿qué tal estás?- me pregunta, sin apartar la vista de sus plantas.
      - Bien señora Kerr, voy al colegio-.
      - Oh. Pero el colegio empezó ya hace tiempo Garrett. Le diré a mi hija que te lleve o no te dejarán pasar- se disponía a abrir la puerta y llamar a su hija, pero no podía permitirlo.
      - ¡NO! No se moleste, llego bien andando- emprendo de nuevo el camino que seguía, para dar por finalizada la conversación. Intento fallido.
      - No es molestia. Aún no ha salido- cuando se mete en la casa corro calle abajo lo más rápido que me permiten mis piernas. Me pareció un gesto grosero, pero no estaba dispuesto a compartir diez de mis valiosos minutos con ella.
      Pensaréis que este miedo a la hija de mi vecina no es normal, o que es una estupidez, pero no puedo evitarlo. Viene de atrás. Recuerdo la primera y última vez que hablé con ella, años antes. Mi familia y yo nos acabábamos de mudar a Detroit, a una hermosa casa de un barrio típico americano, un bonito césped perfectamente cortado y vallas blancas en la puerta. Me estaba instalando en mi nueva y amplia habitación cuando mi madre me dijo que le llevara una tarta a los vecinos, como gesto de amabilidad. A mí me parecía una tontería, pero en aquellos tiempos, un niño hace lo que le dicen sus papás.
      Ella abrió la puerta. Estaba completamente vestida de negro y apenas tendría un año más que yo. No acostumbraba a ver niñas góticas a tan poca edad, por lo que me quedé estupefacto.
      - ¿Qué quieres?- me preguntó con voz cortante.
      - Yo... esto... mi madre... es que esta tarta...- se me trabó la lengua y no pude decir más.
      - ¿De qué es?- preguntó, mirando el plato de plástico azul con la tarta encima.
      - Creo... creo que es... es plátano...- no me dejó acabar, aunque no creo que hubiera hablado más.
      - Le tengo alergia al plátano- se dio la vuelta y me dio con la puerta en las narices.
      Mis padres llamaron más tarde y charlaron con la señora Kerr, pero yo me quedé agazapado en su puerta como un niño estúpido y cobardica. El motivo era que yo no quería saber el nombre de aquella niña diabólica, porque estaba seguro de que me acompañaría en mis pesadillas, al igual que lo hacen los plátanos.
      Sé que esto os parece una sandez, pero me marcó. Aunque sea varios años mayor y es raro que le siga teniendo miedo a una niña de siete que hace meses que no la veo y que tan sólo tenía alergia alimenticia, no habéis visto sus ojos asesinos.
      Tan sólo me quedaba una manzana para llegar al instituto y estaba cansado por haberme recorrido el camino corriendo. No me fue nada difícil entrar a clase, sorteé al conserje, me colé por la puerta, le dije al profesor Clapton que el conserje había visto la nota de mi madre diciendo que había ido al médico y me senté en mi sitio. Esto, al resto de alumnos les parece injusto, ya que no les tiene el mismo cariño a todos, pero yo no me quejo y tampoco alardeo de ello.
      A mi lado está Scarlett. Pelirroja, tez pálida, capitana del equipo de animadoras de este instituto, alta, delgada y... sí, es mi novia. Detrás mía hay un asiento vacío y en el contiguo está Beck, mi mejor amigo tanto dentro como fuera de la pista de hielo. Al acabar la clase nos saludamos y Scarlett corre al baño para retocarse los polvos de maquillaje, como siempre.
      - Tío, el otro día la vi. Es preciosa. Alta lo justo, de un color muy brillante, y no digamos las ruedas- sí, hablaba de una Ducati Monster, su novia ideal. Planea comprarse esa moto desde que cumplió los doce. Pero a sus padres no les entusiasma la idea.
      - Eso es amor a primera vista ¿eh?- me sonrió y meneó la cabeza, mientras idolatraba a su amor platónico.  
      Las tres siguientes clases transcurren lentamente. Primero matemáticas, luego historia, y por último, pero no la menos aburrida, biología. Al llegar al comedor, nuestra mesa habitual está ocupada con dos animadoras y el portero del equipo. Scarlett usa la excusa de que parecemos críos jugando con las patatas fritas para ir al baño de nuevo y así, no probar bocado. Sus amigas animadoras la siguen como perritos falderos.
     
       - Garrett, no hace falta que bajes a saludar, tan sólo arréglate un poco, por si las moscas- me dijo mi madre al llegar a casa.
      - De acuerdo- subí a mi habitación y me puse el conjunto que mi madre me había dejado preparado para la ocasión. 

Aviso

Hola bloggers! Voy a publicar el primer capítulo de Garrett Blair, pero tened en cuenta que el fragmento del perro de ojos rojos va después de el capítulo (parte 2) que pondré a continuación,
 ya que es el final de este.
Gracias por vuestra atención :)